Cómo empezar cuando todo te abruma o cuando sientes que todo te supera

Hay momentos en los que parece que la vida se acumula encima de nosotros. Tareas pendientes, decisiones importantes, preocupaciones familiares, trabajo, estudios, responsabilidades... Todo está ahí, esperando, y en lugar de impulsarnos a actuar, nos deja completamente bloqueados.

Muchas personas describen esta sensación con frases como: "No sé por dónde empezar", "Tengo tantas cosas que hacer que al final no hago ninguna" o "Siento que todo me supera".

Si alguna vez te has sentido así, no significa que seas una persona poco organizada, perezosa o incapaz. Significa, simplemente, que tu mente está intentando gestionar más de lo que puede en ese momento.

Cuando el cerebro entra en "modo supervivencia"

Nuestro cerebro está diseñado para responder al estrés. Cuando percibe que las demandas son demasiado grandes o que no tenemos recursos suficientes para afrontarlas, puede aparecer una sensación de saturación.

En ese estado resulta difícil pensar con claridad, priorizar o tomar decisiones. Incluso las tareas más sencillas parecen enormes.

Y entonces ocurre algo curioso: cuanto más evitamos empezar porque nos sentimos desbordados, más crece la sensación de que todo está fuera de control.

No es falta de voluntad. Es un mecanismo bastante frecuente cuando el estrés se mantiene durante demasiado tiempo.

No necesitas hacerlo todo hoy

Uno de los errores más habituales es pensar que la solución consiste en recuperar el control de toda nuestra vida de una sola vez.

Queremos responder todos los mensajes, ordenar la casa, terminar el trabajo pendiente, hacer ejercicio, comer mejor, llamar a esa persona, organizar las vacaciones y, además, sentirnos bien.

Es una expectativa imposible.

Cuando todo parece urgente, la verdadera prioridad suele ser reducir la carga mental, no aumentarla.

Empieza por hacer una sola cosa

Puede parecer demasiado simple, pero funciona.

No pienses en terminar todo. Piensa únicamente en cuál es el siguiente paso.

No necesitas limpiar toda la casa.

Puedes empezar recogiendo la mesa.

No necesitas escribir un informe entero.

Puedes abrir el documento y escribir el título.

No necesitas resolver todos los problemas de una relación.

Puedes iniciar una conversación.

Las pequeñas acciones tienen un efecto importante: rompen el bloqueo. Una vez que el cerebro percibe movimiento, resulta mucho más fácil continuar.

Por ejemplo: ¿No te ha pasado que si piensas en limpiar toda la casa te abruma, te bloquea si no lo haces? Pero si empiezas por ejemplo ordenando la ropa de tu habitación, luego te enganchas y te apetece seguir haciendo más. Finalmente, acabas quizás limpiando la casa sin darte cuenta.

Haz una lista... pero diferente

Las listas interminables suelen generar más ansiedad que tranquilidad.

En lugar de escribir veinte tareas, prueba a dividirlas en tres grupos:

Lo que realmente necesita hacerse hoy.

Lo que puede esperar unos días.

Lo que, sinceramente, no es tan importante como parecía.

Muchas veces descubrimos que estamos intentando sostener responsabilidades que ni siquiera son urgentes o que podríamos delegar

Acepta que ahora mismo estás saturado

Muchas personas añaden una segunda carga al estrés: sentirse culpables por estar estresadas.

Se repiten pensamientos como:

"Debería poder con esto."

"Los demás lo hacen."

"Estoy exagerando."

Sin embargo, reconocer que estamos atravesando un momento difícil no significa rendirse.

Al contrario.

Aceptar que hoy no tenemos la misma energía que hace unas semanas nos permite tomar decisiones más realistas y cuidar mejor de nosotros mismos.


Descansar también es avanzar 

Existe la idea de que solo somos productivos cuando estamos haciendo algo constantemente.

Pero descansar no es perder el tiempo.

Dormir bien, salir a caminar, respirar unos minutos, hablar con alguien de confianza o simplemente desconectar un rato ayudan a que el cerebro recupere recursos para afrontar los retos.

A veces el problema no es que nos falte tiempo.

Es que llevamos demasiado tiempo funcionando sin pausas.




No tienes que poder con todo tú solo

Cuando llevamos mucho tiempo sintiéndonos desbordados, tendemos a aislarnos.

Pensamos que pedir ayuda es una señal de debilidad o que deberíamos resolverlo por nuestra cuenta.

La realidad es muy distinta.

Hablar con una persona de confianza puede aliviar parte de esa carga emocional. Y cuando la sensación de agobio se mantiene durante semanas, interfiere en el trabajo, en las relaciones o en el descanso, buscar apoyo psicológico puede marcar una gran diferencia.

Pedir ayuda no significa que hayas fracasado.

Significa que estás buscando una manera más saludable de afrontar lo que estás viviendo.

Un último recordatorio

Si hoy sientes que todo te supera, intenta no imponerte la obligación de resolver toda tu vida antes de que termine el día.

Respira.

Elige una única tarea.

Haz solo el siguiente paso.

Y cuando termines, celebra que has empezado.

Porque muchas veces el mayor obstáculo no es la dificultad del camino, sino creer que tenemos que recorrerlo entero antes de dar el primer paso.

A veces, avanzar consiste simplemente en empezar.


Laura Selma

Psicóloga Sanitaria

Cv12185

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