Curiosidades sobre la dependencia emocional y el apego

Una de las situaciones que con mayor frecuencia encontramos en consulta es la de personas que sufren dependencia emocional, sobre todo hacia sus parejas. Personas que, poco a poco, han ido perdiendo su identidad individual hasta acabar mimetizadas en gustos y aficiones con sus respectivas parejas, quedando en gran medida absorbidas por la otra parte de la relación y renunciando incluso a sí mismas por miedo a perderlas.

La dependencia emocional no hace distinciones; no entiende de sexos. Hombres y mujeres con grandes personalidades, llenas de ilusiones, valores arraigados y vidas plenas, cuando se embarcan en una relación sentimental, pueden verse reducidos a la nada tras vivir una relación tóxica, convirtiéndose incluso en personas sumisas, sin ilusión y llenas de miedos.

Sí, personas con vidas completas, porque no solo quienes tienen baja autoestima están expuestos a desarrollar dependencia emocional.

Para comprender mejor este fenómeno, vamos a centrarnos en dos aspectos importantes. Por una parte, aprender a diferenciar el enamoramiento del amor y, por otra, conocer el verdadero significado de la palabra apego.

Enamoramiento y amor

En la primera etapa de las relaciones, el amor, en muchas ocasiones, llega derribando barreras, como un gran tornado de emociones con una intensidad tan alta que cuesta volver a ponerlas en orden.

Pero ¿qué ocurre durante esta etapa dentro de nosotros? En la fase de enamoramiento, numerosas hormonas influyen en nuestro cuerpo. Son las hormonas, y no el corazón, las responsables de aquello que sentimos cuando vemos a una posible pareja.

Como hemos dicho, muchas son las hormonas implicadas en este proceso: la oxitocina, conocida como la hormona del amor y del apego, se libera en gran cantidad durante el orgasmo, la lactancia y el parto, y en pequeñas dosis con gestos como cogerse de la mano. La serotonina (relacionada con la felicidad), la dopamina (relacionada con el placer) y la noradrenalina (neurotransmisor que induce euforia y activa el organismo) explican por qué, cuando nos enamoramos, nos sentimos excitados, llenos de energía y con una percepción idealizada de la vida.

Los compuestos químicos que nuestro cerebro segrega cuando sentimos amor pueden resultar incluso más adictivos que una droga. A pesar de que la percepción de la realidad en esta fase es idílica, existen ciertos efectos secundarios durante el enamoramiento: alteraciones en la capacidad de concentración y atención, sensación de euforia, pérdida de la noción del tiempo y de la realidad, ceguera temporal que dificulta fijarse en otras personas, impulsividad, imprudencia y pensamientos obsesivos.

Al igual que ocurre con las drogas, con el tiempo llega la habituación, y el amor no se libra de este proceso. Nuestro cuerpo se acostumbra a ese flujo hormonal y deja de experimentar el efecto inicial. Algunas personas interpretan erróneamente esta fase como el fin del amor, pero nada más lejos de la realidad. Es importante no confundir esta etapa con el desamor, ya que precisamente en este momento el amor se vuelve más consciente.

Apego y su antónimo, el desapego

Muchos hemos oído hablar del apego como un vínculo muy fuerte, tanto mental como emocional, que nos proporciona seguridad, placer y sensación de autorrealización. Esto lleva a muchas personas a la conclusión errónea de que ese vínculo es imprescindible para ser felices.

Pero ¿qué debemos hacer cuando ese vínculo nos hace sufrir o cuando la persona hacia la que sentimos apego ya no nos quiere? Practicar el desapego es la respuesta. Cuando la relación es dañina, es lo más conveniente.

No obstante, el desapego no solo es útil en relaciones perjudiciales, sino que es fundamental para relacionarnos de manera saludable. Significa ser libre a nivel afectivo, tener la capacidad de alejarse de lo perjudicial, ser independiente, no temer a la soledad, no ser posesivo, no depender emocionalmente y no destruir la propia identidad por amor.

Muchas personas se ven inmersas en relaciones que les generan más dolor que bienestar por intentar que funcionen a toda costa. Sin embargo, es importante reconocer cuándo algo no va bien, especialmente cuando predominan los momentos negativos sobre los positivos, y estar abiertos a utilizar los recursos profesionales disponibles.

¿Sufres dependencia emocional? 

Uno de los primeros pasos hacia la mejora personal es reconocer si somos o podemos llegar a ser dependientes emocionales. Para ello, te propongo reflexionar sobre estas preguntas:

¿Esperas siempre a conocer los planes de tu pareja antes de hacer los tuyos? ¿Eres incapaz de salir y disfrutar con tus amigos si tu pareja decide quedarse en casa? ¿Lo hacéis todo juntos? ¿Necesitas su aprobación para tomar decisiones? ¿Tienes pensamientos como: "sin él o ella me muero", "es el centro de mi universo""lo/la necesito""si me deja no sé qué haría", "no encontraré a nadie igual""no soy suficiente para él/ella" o "ya no me quiere"?

Si has respondido afirmativamente a alguna de estas preguntas y te has sentido identificado/a, es posible que exista dependencia emocional o riesgo de desarrollarla.

Algunos pensamientos habituales en personas con dependencia emocional y cómo afectan a la autoestima

"No puedo vivir sin él o ella". Es un pensamiento derrotista que refleja una baja autoestima. Aunque aprender a vivir sin esa persona puede ser doloroso, es posible gracias al proceso de duelo, que es un paso imprescindible para superar una ruptura. Con el tiempo, comprobarás que eres capaz y, de hecho, experimentarás una sensación de liberación.

"No encontraré a nadie igual". Existen muchas personas por descubrir, pero para ello es necesario soltarse del vínculo que ya no aporta. Cuando decidas iniciar una nueva relación, ambas partes se adaptarán mutuamente y construirán algo nuevo.

"Ya no me quiere". Puede ser cierto o no, pero es importante salir de la duda. Permanecer en la incertidumbre genera desgaste emocional. Es preferible afrontar la realidad y, si no hay amor, tomar la decisión de salir de esa relación. No se debe mendigar amor.

"No soy suficiente para él o ella". Si percibes a tu pareja como superior y te infravaloras constantemente, no podrás mantener una relación sana. Una relación no debe vivirse como si te estuvieran haciendo un favor. Sin caer en el egocentrismo, también es importante reconocer tu propio valor. Y si es tu pareja quien te hace sentir así, la respuesta es clara: esa relación no es saludable.

Amor es compatible con dependencia emocional

Puede que, tras esta reflexión, te surja una pregunta: ¿puede existir amor cuando hay dependencia emocional?

La respuesta es que no podrás saberlo hasta que trabajes esa dependencia. Si dependes emocionalmente de alguien, es probable que no estés amando de forma sana, sino cubriendo necesidades emocionales o evitando el miedo al abandono o a la soledad. Por ello, es fundamental aprender a quererse a uno mismo, desarrollar un autoconcepto realista y fortalecer la autoestima.

Estar en una relación no significa dejar de priorizarse, cuidarse y quererse. Significa que la otra persona complementa, aporta, ayuda a crecer, a compartir la vida, a desarrollarse y a convertirse en una mejor versión de uno mismo.

Sabes que puedes vivir sin el otro, que si la relación termina no dejarás de existir y que, si lo deseas, podrás rehacer tu vida. Pero eliges, de manera consciente y voluntaria, compartir tu vida con esa persona porque suma y no resta.


Laura Selma

Psicóloga Sanitaria

Cv12185

Del impulso a la conciencia: una guía realista para gestionar el hambre emocional
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